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Dominique Ingres

Jean Auguste Dominique Ingres nació en Francia, en la localidad de Montauban en 1780. Desde muy pequeño su pasión es el dibujo y su padre Jean Marie, también pintor, no tarda en darse cuenta del talento de su hijo.

A los 11 años ingresa en la academia de Toulouse y estudia con grandes maestros. Con 16 años y sin nada más que aprender en Toulouse viaja a París para estudiar con Jacques Louis David, por aquel entonces el pintor más famoso de Francia, con él permanece durante cuatro años pese a que la relación entre ambos no es todo lo buena que cabría esperar y tras un incidente en el que un cuadro de Ingres quedó en segundo lugar en un concurso por el voto en contra de su propio maestro decide dejar el taller de David.

Un año después vuelve a presentar de nuevo sus pinturas obteniendo esta vez el primer lugar, este puesto le otorgaba una beca para estudiar en la Escuela de Francia en Roma que se encontraba en la Villa Medici. Por distintos problemas políticos y económicos Ingres no puede hacer efectiva su beca hasta 1806.

Con 26 años por fín viaja a Italia, la tierra de Rafael, de quien es un gran admirador, allí permanecerá durante 19 años entre Roma y Florencia pintando por encargo numerosos retratos, arte que el consideraba secundario y en el que sin embargo se convirtió en un gran maestro. No dejó de pintar sus propios cuadros y enviarlos a los salones franceses, siempre entre el romanticismo y el neoclacismo sus obras no convencen en su país de origen.

En 1820 abre su propio taller en Florencia convirtiéndose en maestro de artistas y poniendo en practica algunas de las técnicas que aprendió en el taller de David.

Por fin en 1824 gracias al cuadro que pinta para la Catedral de Montauban "El voto de Luis XIII" alcanza el éxito en París, tal era su deseo de triunfar en su tierra que no tarda en cerrar su taller de Florencia y trasladarse a la capital francesa.

Gracias a la calidad de sus cuadros y a la fama que alcanza tras su regreso, le encargan dos trabajos de gran importancia, la decoración de las vidrieras de la Capilla de Notre Dame y la decoración de algunos techos del museo del Louvre.

Ocupa el cargo de vicepresidente y posteriormente de presidente de la Escuela de Bellas Artes de París, un año después es nombrado director de la Escuela de Francia en Roma y se traslada a la capital italiana donde permanecerá hasta 1841.

Es su segundo regreso triunfal a París, no le faltan encargos, sobre todo de retratos entre la nobleza. Sigue participando en exposiciones y disfrutando de su fama que ya alcanza a la de su antiguo maestro David, hasta que en 1849 fallece su primera esposa, esto lleva a Ingres a una época de abatimiento, dimite de los cargos que ocupa, contrae una enfermedad que le afecta a la vista y necesita de la ayuda de sus discípulos para terminar sus obras. En 855 se celebró la Exposición Universal de París y se organizó una exposición de los cuadros de Ingres a la que el artista, ya mayor acudió con gran orgullo. Algunos años después en 1867 fallecía el maestro a los 87 años tras una larga y exitosa vida en la que nos dejó grandes obras.

 

 

 

 

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